De la idea a la pantalla, la incursión de las artes - Óscar Tinoco.

Cuando una obra literaria o teatral es llevada a la pantalla grande por deseo -o capricho- de un director, suele derivar en una película que no logra trascender como él hubiera querido.

El teatro y el cine, a diferencia de las demás artes, son los principales representantes del discurso audiovisual. Asimismo sus capacidades narrativas y expresivas las hacen sutilmente atractivas y preponderantes. A pesar de todo argumento en contra, las interrelaciones en ambas disciplinas permiten ampliar la virtualidad y la goma de exquisitez que busca el espectador.

Cuando el cine era relativamente nuevo, la mayoría de las películas de la época estaban basadas en obras teatrales. La industria era semejante a la actual. El productor con pocos recursos no se podía arriesgar en levantar un proyecto no probado anteriormente. Obras de Shakespeare, Orson Welles, Jerome Robbins y Robert Wise fueron las primeras en adaptarse a una sala de cine.

Después de varias décadas, las cintas basadas en historias del pasado, fueron y seguirán siendo un componente común del augurio de los cinéfilos. Basta con echarle un vistazo a la lista oficial de nominaciones a los premios Oscar de esta edición. Una gran parte de la selección connotaba el deseo de mirar en el cine clásico y por las tramas estremecedoras que nos hacen llorar al filo de la butaca. 

La película canadiense, “Señor Lazhar”, del cineasta Philippe Falardeau sorprendió en la categoría de Mejor Película Extranjera, por ofrecer una admirable reflexión sobre la vida, el amor y la libre transmisión de la enseñanza. La historia original basada en la obra Bashir Lazhar de la dramaturga Évelyne de la Chenelière, llegaba a la categoría como ganadora en el Toronto Film Festival, Locarno Film Festival y de la Selección Oficial de Sundance. Una vez más, se demostraría que el teatro y el cine pueden relacionarse para ofrecerle calidad al público, sin importar de donde provenga.

El teatro así como la novela, sigue y seguirá siendo una fuente inspiración para los guionistas. Al fin y acabo la industria cinematográfica sobrevive gracias al desarrollo de los argumentos, al producto del trabajo y a la autocrítica de tener una buena idea y saber cómo aprovecharla.